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Cómo funciona
En la insolvencia personal el recurso más escaso es el tiempo del abogado, y las consultas que llegan no se parecen entre sí. Una persona debe una cantidad moderada y no tiene nada a su nombre: esa conversación va por un camino. Otra tiene un crédito hipotecario y un segundo departamento, y ahí cambian el procedimiento, los riesgos y el monto de los honorarios. El quiz hace esas preguntas antes de la llamada: cuánto debe, cuánto tiempo lleva de atraso, qué bienes tiene a su nombre y en qué etapa están las deudas, si sigue con el banco, ya pasó a cobranza externa o los acreedores la demandaron.
Una pregunta aparte es qué necesita de verdad esa persona: resolver sus deudas de principio a fin, frenar las llamadas de cobranza, conservar el auto o la vivienda hipotecada, o saber si su caso encaja en algún procedimiento de liberación de deudas según las leyes de su país. Ese es su pedido real, y la consulta debería arrancar por ahí y no por un resumen general del trámite.
El quiz termina con la elección de fecha y hora para una consulta en línea. Es un nicho sensible: quien está endeudado suele posponer la llamada durante semanas, y poder agendar el horario por su cuenta baja la barrera mucho más que un «te llamamos pronto». Conviene mantener un tono sobrio y recoger hechos en vez de garantizar resultados: promesas como «borramos cualquier deuda» son riesgosas para la publicidad y se caen en la primera consulta.