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Cómo funciona
Una implementación de CRM no se vende con funciones, se vende con el problema del cliente: poner orden en las ventas, hacer que el equipo trabaje coordinado, arrancar la automatización. El quiz empieza justo por ahí, y no por un interrogatorio sobre integraciones; después precisa lo que define el tamaño del proyecto: cuántas personas van a trabajar en el sistema.
El número de usuarios y el presupuesto son la calificación principal. Un área de tres personas y una empresa de cien empleados con varias unidades necesitan sistemas distintos y dinero distinto, y verlo antes de la llamada le conviene a las dos partes. El presupuesto se pregunta con un deslizador, que se siente más suave que un campo vacío y da un rango claro.
Merece atención aparte la pregunta sobre el acompañamiento: si hace falta capacitación y soporte, si el cliente quiere solo la configuración llave en mano, o si se las arregla solo. Es una señal directa del alcance del trabajo y de si habrá continuidad después de la implementación. En el resultado, lo honesto es mostrar no «el CRM ideal», sino una o dos opciones con la explicación de por qué encajan con el objetivo y el presupuesto: en B2B la confianza se construye con argumentos, no con promesas.