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Cómo funciona
Las carillas son uno de los pocos casos en odontología donde el cálculo sí es simple: el precio por pieza se multiplica por la cantidad y el material pone el coeficiente. El problema está en cómo se comunica: en la publicidad se anuncia el precio de una carilla, pero el paciente planea su zona de la sonrisa con seis u ocho, y la diferencia entre lo que esperaba y la cuenta final duele. El cotizador cierra esa brecha: la persona mueve el deslizador y ve el monto completo.
El material —cerámica, zirconio, resina— define tanto el precio como la duración. Conviene mantener las descripciones cortas y sin promesas: «dura más» se puede comprobar, «de por vida» no. La pregunta sobre los plazos de colocación muestra qué tan listo está el paciente: «lo antes posible» y «en los próximos seis meses» son trabajos distintos para la recepción.
Una advertencia importante: el quiz no sustituye la revisión. Si las carillas están indicadas, el estado del esmalte y la necesidad de tratar antes de la rehabilitación los determina el dentista, y en el resultado conviene escribir «cálculo preliminar, el plan de tratamiento se define en la consulta». Esa consulta es justamente la acción objetivo: es gratis y el quiz lleva a ella en un minuto.