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Cómo funciona
Los brackets son una decisión cara y larga, y la persona se lo piensa mucho antes de ir a consulta. Lo que estorba es la incertidumbre: cuánto cuesta, cuánto dura, qué sistema necesita. El quiz quita parte de esas dudas de antemano: la edad del paciente, qué tan marcada está la maloclusión, qué sistema le interesa (metálico, cerámico, de zafiro), una arcada o las dos.
En la pregunta sobre la mordida hay una opción de «no sé decir, quiero que lo valore el especialista». Conviene dejarla: el paciente no está obligado a entender de tipos de maloclusión, y sin esa opción una parte de la gente simplemente cierra el quiz. Para la clínica esa respuesta significa una sola cosa: hace falta una consulta, y justo a eso agenda el quiz.
El precio en el resultado solo se puede dar con honestidad como un rango según el sistema y el número de arcadas, aclarando que el plan exacto y los tiempos los define el ortodoncista después del diagnóstico. Prometer un plazo o un resultado concreto no se puede: depende del paciente. La pregunta sobre la limpieza profesional previa a la colocación sirve para agendar: es una visita aparte que conviene programar de una vez.