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Cómo funciona
Un formulario de reseñas común recoge dos extremos: el entusiasmo y la queja. El quiz funciona distinto: lleva a la persona por pasos cortos, y a la última pregunta llega la mayoría normal. Primero la calificación de la atención, después la disposición a recomendarte con un deslizador, luego la pregunta de si se cumplieron las expectativas y solo al final un campo libre.
Lo más valioso de una encuesta así no es el promedio, sino la bifurcación que viene después. Al cliente satisfecho tiene sentido llevarlo a dejar una reseña: la página final puede funcionar como redirección y puedes mandarlo a Google Maps o al marketplace donde vendes. Al cliente molesto, a un formulario de revisión donde cuente con calma qué salió mal, y eso lo ves tú, no el público. Las dos ramas se configuran con condiciones de visualización, sin desarrollo.
Lo importante es no convertir la encuesta en un interrogatorio: cinco pasos como máximo y el campo libre nunca obligatorio. Y decidir con honestidad, antes de lanzarla, qué vas a hacer con las respuestas: una encuesta después de la cual nada cambia deja de recoger cualquier cosa que no sea molestia. Lo más cómodo es enviarla como enlace en un mensaje después de la entrega o con un código QR en el comprobante.