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Cómo funciona
En el tatuaje el cliente llega con una idea, y el tatuador necesita parámetros: estilo, zona, tamaño, presupuesto. El quiz los reúne antes de la conversación. La primera pregunta es si ya tiene tatuajes: en una primera sesión la persona trae otros miedos y otras dudas, y al tatuador le sirve saberlo de antemano.
El estilo se elige con imágenes —realismo, geometría, minimalismo, étnico, biomecánico, lettering— más la opción «todavía no me decido». Vale la pena reemplazar esas imágenes por tus propios trabajos: así la pregunta funciona a la vez como portafolio y como filtro. La zona del cuerpo define la dificultad y el precio: la muñeca y la espalda son sesiones distintas. El presupuesto se pregunta con un control deslizante, y eso es más honesto que anunciar un precio «desde»: el tatuador ve de inmediato si la idea es realista con ese monto.
La pregunta sobre alergia a la tinta sirve para programar la prueba con antelación, en lugar de enterarse del problema con el cliente ya en la silla. Los detalles de salud no conviene recogerlos en el quiz: eso es tema de conversación con el tatuador. Y aparte, la edad: muchos estudios trabajan solo con mayores de edad, y si esa es tu regla, la pregunta de la edad conviene ponerla primero, para no juntar solicitudes que de todos modos vas a tener que rechazar.